Para la fiesta de la madre, a menudo se buscan flores, chocolates o un detalle original. Pero a veces, el regalo más verdadero es una palabra sentida, un recuerdo compartido, un gracias dicho con el corazón. Un colaborador nuestro pensó en un regalo para la fiesta de la madre que vaya más allá de los objetos, este poema es una manera de honrar su presencia, su fuerza, su amor silencioso.
Porque ningún día es lo suficientemente grande para contener todo lo que representa la fiesta de la madre.
Hay gestos que no hacen ruido,
pero cambian el mundo.
Tus manos, que han arreglado días
y recogiste mis silencios,
estoy entre ellos.
Hiciste espacio para mí
antes incluso de saber quién era.
Me diste raíces
cuando soñaba con volar
y alas
cuando tenía miedo de caer.
Nadie enseña a ser madre,
pero tú aprendiste a tu manera:
con paciencia, con fuerza,
con noches en vela y sonrisas robadas al cansancio.
No has sido perfecta,
y por eso te amo más.
Porque en tu imperfección
has hecho real el amor,
sin condiciones.
Hoy te miro
no solo como hijo,
pero como ser humano
que reconoce el regalo
de haber sido amado así.



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